"Lo dejamos acá"

"Lo dejamos acá"
Martin Blanco

 

            La habitación era grande y la alfombra la ocupaba casi toda. Una de esas persas, de color crema y llena de flores. La esquina donde él estaba acostado se había teñido de rojo. Ahora sí me gustaban las flores. Parecían claveles de un ramo de cementerio, con una cinta dorada y el nombre en negro.

            Se tapaba la herida con las manos, pero a esa altura, la garganta parecía un pozo petrolero sin control. Movía las piernas como en espasmos. Me hizo acordar a los chanchos que veía cuando iba a buscar a mi papá al matadero, solo que este no chillaba, sollozaba. Sus ojos, horrorizados, me contaban una historia que no me interesaba oír.

            La luz que entraba por la ventana le inundaba la cara. El mismo gesto de siempre. Esa mezcla de angustia y terror cuando ven que el tiempo se acaba y se dan cuenta de que ya no hay vuelta atrás.

            Limpié el cuchillo en el tapizado del sofá. Lo dejé sobre la mesa y leí los diplomas colgados en las paredes. Papeles baratos que le hacían pensar que era mejor que todos los demás. Que todos nosotros.

            Miré el reloj. Era la hora, pero hoy no iba a ser yo el que se iba a quedar con las palabras en la boca. Hoy no iba a sonar ese repugnante «lo dejamos acá», de todas las semanas.

            Me agaché y lo miré fijamente. Ya casi no se movía y ahora sólo se sentía un fino hilo de voz. Los ojos empezaron a perder el foco y antes de que se fuera del todo, me acerqué y le cambié una sonrisa por su último aliento. Le saqué la bata manchada y la tiré en el tacho de basura. Odiaba que se la pusiera para ocultar esa ropa cara, mientras fingía que me escuchaba sin mover ni siquiera una pestaña.

            Me levanté y fui hasta la puerta. Me asomé y ahí estaba: ese hippie asqueroso que se debe bañar una vez por semana, esperando su turno como cada lunes, para entrar y quejarse de que su gran problema fue que no consiguió toda la marihuana que quería. 

            –Me dijo que pasaras –le avisé.

            Levantó la vista. Asintió con la cabeza y dejó una de las revistas que estaba leyendo sobre la mesita, mientras yo salía.

            Desde la planta baja se sintieron los gritos.